CDMX.

El partido de ida en la final de la Liga MX entre Cruz Azul y Pumas tubo un protagonista principal: Keylor Navas, quién dio un show que comenzó al 5’, cuando se tiró hacia la izquierda para alejar a quemarropa un zurdazo de Christian Ebere, que se había asociado con Carlos Rodríguez por el pasillo izquierdo del área universitaria. Un desvío ligero, pero suficiente para enviar el balón al córner.

Cuatro minutos después, la mejor pintura del partido: tiro estético de Paradela, con efecto endemoniado hacia dentro y a media altura, que obligó al vuelo estelar de Navas con el brazo derecho.

Su tercera intervención llegó al 15′: Ebere retrasó la pelota hacia el balcón del área grande, Agustín Palavecino impactó con el borde interno del pie derecho para esconder la pelota en el rincón bajo de Keylor, pero el tico, ahora con el cuerpo en tierra, se estiró al máximo para arañar la redonda.

Para el segundo tiempo Keylor Navas no sufrió tanto como en la primera mitad. Vigiló un intento de ‘Charlie’ Rodríguez que pegó en la base del poste derecho y luego coordinó los esfuerzos defensivos de los auriazules, que esperaron en su campo las largas posesiones del rival sin causar demasiado peligro.

El duelo terminó sin goles en el Estadio Ciudad de los Deportes de la capital mexicana.

El costarricense completó una actuación sólida que recuerda a sus mejores momentos y que robustece el nexo histórico entre Pumas y Real Madrid, desde Hugo Sánchez, el Trofeo Santiago Bernabeú, Míchel como entrenador y, ahora, Keylor Navas, por quien apenas pasan los años. Tres atajadas meritorias, cero goles recibidos, y todo queda en aire para el juego del domingo.