Por Quetzalli Carolina Vázquez


El secretario de gobierno, Ricardo Ahued, se "incomodó", cuando la prensa le preguntó por los sobrinos de Andrés Manuel López Obrador incluidos en la nómina del Gobierno de Veracruz.

Su defensa fue contundente: antes había aviadores en otros gobiernos, dijo; estos muchachos, en cambio, son trabajadores, “son muchachos decentes, profesionistas”, sostuvo.

Incluso, contó que a una de las López, la vió en recorridos haciendo entregas "a 35 grados", —como si trabajar con las inclemencias del tiempo fuera algo que solo ella hiciera—.

Ricardo Ahued parece creer que demostrar que trabajan resuelve el cuestionamiento y no es así.

Qué bueno que trabajen, de hecho nadie dijo que los tres López que están en la nómina del gobierno de Veracruz, sean aviadores.

El tema es otro.

El tema es cuánto ganan, qué hacen, qué requisitos cumplieron para ocupar esos cargos, cómo fueron contratados y por qué ellos tienen determinadas oportunidades mientras miles de trabajadores del propio gobierno, igualmente profesionistas, decentes y trabajadores, sobreviven con salarios que no se comparan ni remotamente con los de algunos de esos funcionarios.

Trabajar no explica un salario, no explica una contratación, no explica un nombramiento y mucho menos explica por qué alguien tiene acceso a un puesto público que otros, con preparación y experiencia similares, jamás consiguen.

Por cierto, al parecer hay algo que Ricardo Ahued desconoce: Hay trabajadores de varias dependencias del Gobierno de Veracruz que también trabajan a más de 35 grados.

Y no solo eso, hay quienes lo hacen bajo la lluvia, arriesgándose en zonas rurales, que laboran los sábados, salen después de su horario regular de trabajo y no recibe pago de horas extras y que están muy lejos de recibir un salario similar al de los López.

Son profesionistas que cumplen jornadas completas y a los que el gobierno les paga apenas 5 mil 500 pesos quincenales... Y son personas con carrera universitaria, algunos con promedios de excelencia, egresados de universidades públicas.

También son decentes, también son profesionistas, también trabajan.

La diferencia es que muchos no conocen a un secretario de despacho, no son amigos de sus hijos y no tienen un apellido que despierte inmediatamente la atención de los funcionarios.

Porque el propio Ahued explicó que Pedro Arturo López Herrería —sobrino de AMLO—, llegó a pedirle trabajo y que él lo conoce desde hace años, que fue compañero de uno de sus hijos y que conoce su historia.

Es decir, el propio secretario explica que existe una relación personal previa.

Eso abre preguntas legítimas sobre cómo funcionan las puertas de acceso al servicio público.

Por ejemplo: ¿Cuántos jóvenes profesionistas tuvieron la posibilidad de acercarse personalmente al secretario?

¿Cuántos pudieron pedirle directamente una oportunidad de trabajo?

¿Cuántos trabajadores sin padrinos tienen que conformarse con salarios de 5 mil 500 pesos quincenales?

Pero además de todo eso, ¿No la cuarta transformación llegó al poder prometiendo acabar con los privilegios y para combatir el nepotismo?

Durante años, Morena criticó precisamente aquellas prácticas de los gobiernos anteriores en las que familiares, amigos y allegados terminaban ocupando cargos públicos.

Sin embargo, hoy basta revisar las nóminas para encontrarse con familiares de políticos en puestos gubernamentales.

Es una práctica que atraviesa partidos y administraciones.

Lo que cambia es el discurso, antes se denunciaba el nepotismo de los priistas y panistas; hoy, cuando aparecen familiares de personajes vinculados con Morena, la respuesta es:

“Son trabajadores, son decentes”.

Pues sí, que trabajen como también trabajan los que ganan 5 mil 500 pesos quincenales.

Como también trabajan los que no tienen pago de horas extras.

Qué trabajen como trabajan los que laboran los fines de semana.

Cómo lo hacen los profesionistas que no tienen amigos en el gobierno.

Pero hay algo no menos interesante que los apellidos y es la diferencia salarial detrás de la palabra “trabajador”.

Erandi Isabel López Herrería, rectora de El Colegio de Veracruz, aparece con una percepción de 145 mil 322 pesos brutos mensuales y 106 mil 433 pesos netos, según los datos de transparencia difundidos públicamente.

Frente a un trabajador que recibe 5 mil 500 pesos quincenales, son ingresos netos casi diez veces mayores.

Entonces no, el debate no es si son aviadores.

El debate es si esos cargos fueron asignados con criterios transparentes, si los perfiles corresponden a las responsabilidades, si los salarios están justificados y si cualquier otro profesionista tendría exactamente las mismas posibilidades de acceder a ellos como la tuvieron los López.

Porque si para conseguir trabajo en el gobierno basta con ser “decente, profesionista y trabajador”, entonces deberían existir miles de puertas abiertas porque con esas características hay miles de veracruzanos.

Pero si además hay que conocer a un secretario, haber sido compañero de universidad de su hijo o formar parte del círculo cercano de un político, entonces estamos hablando de otra cosa.

Y esa otra cosa tiene un nombre que la 4T dijo que desaparecería: PRIVILEGIO.

Porque hay Pérez, Martínez y Hernández esperando una oportunidad de trabajo o un mejor salario.

Hay Sánchez, Guzmán y Méndez que llegaron sin padrinos y también trabajan.

Pero ellos por 5 mil 500 pesos quincenales.

Mientras tanto, otros con apellidos reconocidos en la vida pública, solo tocaron la puerta y obtuvieron lo que muchos jamás lograrán obtener.

Al final, nadie está cuestionando que los López trabajen sino la forma en que obtuvieron ese trabajo.

Porque con la respuesta de Ahued, parece que todavía importa más quién conoce a quién que quién tiene los méritos para ocupar un cargo.

Entonces ¿En Veracruz se está contratando a los mejores o se está ayudando primero a los que tienen acceso al poder?

La percepción es que aquella vieja práctica que la Cuarta Transformación prometió desterrar sigue viva.

Solo que ahora tiene nuevos nombres, nuevos colores y nuevos defensores.

Comentarios y denuncias

WhatsApp 228 496 6621